Santo Domingo Este. La presunta militarización del Faro a Colón el pasado domingo ha desatado una profunda preocupación y un enérgico rechazo, al tratarse de un hecho de extrema gravedad institucional. La denuncia, realizada por el gobernador del monumento, Eliezer Nolasco, apunta directamente al alcalde Dio Astacio, a quien acusa de incurrir en un abuso de poder al intervenir con presencia militar un espacio público de alto valor histórico y simbólico.
Según Nolasco, la medida responde a una represalia política dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM). El funcionario sostiene que la acción estaría motivada por su decisión de respaldar la continuidad de Adán Peguero, el doctor Vásquez García y la comisión ejecutiva municipal al frente del partido en Santo Domingo Este, en contraposición a las aspiraciones del alcalde. Asegura, además, que pese a haber sido aliado de Astacio, ha sido objeto de maltratos sistemáticos durante más de dos años.
El señalamiento reviste especial gravedad al implicar el uso de mecanismos de fuerza en un mausoleo-museo, un espacio solemne que debe permanecer ajeno a confrontaciones partidarias. Para diversos sectores, este hecho representa una peligrosa distorsión del ejercicio del poder público, al trasladar disputas políticas internas al terreno institucional mediante acciones que evocan prácticas autoritarias.
Nolasco también contrastó esta situación con la gestión del exalcalde Manuel Jiménez, destacando que, aun en medio de diferencias políticas, prevalecieron el respeto institucional y el trato personal.
Las críticas hacia la actual administración municipal no son nuevas. En sus dos años de gestión, Dio Astacio ha sido cuestionado por sectores internos y externos del PRM debido a señalamientos de opacidad, falta de transparencia y presuntos abusos de poder, particularmente en perjuicio de empleados desvinculados. A esto se suma un deterioro sostenido en servicios esenciales, como la recolección de desechos sólidos, cementerios, mercados y un manejo presupuestario que ha generado inquietud en distintos sectores del municipio. Lo ocurrido en el Faro a Colón no solo agudiza estas preocupaciones, sino que plantea un serio debate sobre los límites del poder local y el respeto a la institucionalidad democrática.
