Por Jacobo Colón
En los últimos dos años, los contenedores de basura instalados por el alcalde Dio Astacio en Santo Domingo Este han sido promocionados como la panacea para el caos de los vertederos improvisados que plagaban nuestras calles.
Se nos vendió la idea de que estos depósitos metálicos eran los «salvadores imprescindibles» para mantener la ciudad limpia, una solución temporal y urgente ante una hemorragia de desechos que amenazaba con ahogar al municipio.
Una de las 10 estrategias de “Manipulación de las masas” presentadas por el escritor Frances Sylvain Timsit, es Crear un problema, luego presentar la solución, que, aunque sea ineficiente y dañina, es mejor que el problema fabricado, eso fue lo que hizo la gestión de Astacio.
Esa fue la estrategia utilizada para justificar la instalación de los contenedores
Sin embargo, al recorrer el Distrito Nacional, Santiago o La Vega, donde no se ven estos contenedores o cajas de la muerte, uno se pregunta:
¿Por qué esas ciudades lucen más descontaminadas y ordenadas que la nuestra, sin necesidad de tales artefactos llamados contenedores y bautizados en Santo Domingo Este como cajas de la muerte?
Lo que se presentó como una medida provisional, un torniquete para detener el sangrado, se ha convertido en un elemento permanente del paisaje urbano, obstaculizando las vías públicas y convirtiéndose en focos de contaminación crónica.
Dos años después de su colocación improvisada, estos contenedores siguen allí, sin estudios de impacto ambiental que avalen su permanencia, representando un peligro para los vehículos que transitan por avenidas estrechas y contribuyendo a la arrabalización general del municipio
Es como si hubiéramos aceptado un parche temporal como cura definitiva, ignorando las consecuencias a largo plazo.
La excusa recurrente de la alcaldía es compararnos con el pasado: «Mira cómo estábamos antes y cómo estamos ahora».
Antes, es cierto, había focos esporádicos de basura en las calles, problemas puntuales que se resolvían con recolecciones regulares.
Ahora, en cambio, estos contenedores son permanentes, generando un hedor constante, atrayendo ratas, cucarachas y todo tipo de vectores de enfermedades que afectan la salud pública
¿Es esto progreso? En lugar de invertir en sistemas modernos de recolección, como camiones compactadores eficientes como han hecho en otros municipios, se opta por estos depósitos que acumulan desechos durante días, convirtiendo barrios enteros en vertederos incontrolables.
Peor aún, pareciera que se creó un problema mayor con los vertederos improvisados solo para hacernos aceptar estos contenedores como un «mal necesario».
Esta narrativa ha sido vendida con insistencia, “o los contendores, o volverán a padecer de basura en cada esquina, ¿pero acaso no es eso lo que vemos a diario? la realidad en las comunidades cuenta otra historia, abandono, ineficiencia y un municipio que, lejos de mejorar, se hunde en el caos.
Mientras el alcalde destaca encuestas de satisfacción y una supuesta policía municipal que multa a quienes tiran basura, los residentes seguimos lidiando con calles bloqueadas y un olor que impregna el aire.
Los munícipes debemos exigir soluciones permanentes, estudios ambientales independientes, remoción de estos contenedores obsoletos y un plan integral de gestión de residuos que priorice la salud y el orden urbano.
En Santo Domingo Este necesitamos más que un «mal necesario»; necesitamos una alcaldía que actúe con visión, no con improvisaciones que perpetúan el problema.
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Si no cambiamos el rumbo, seguiremos siendo el municipio olvidado, ahogado en su propia basura.
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